Viena tiene muchos pecados de belleza, pero ninguno tan deliberado como la Österreichische Nationalbibliothek, la Biblioteca Nacional de Austria. El Salón Barroco del Estado, diseñado por Johann Bernhard Fischer von Erlach entre 1719 y 1726 por encargo del emperador Carlos VI, es sin discusión posible, una de las habitaciones más hermosas del mundo. El techo pintado por Daniel Gran funde alegorías del conocimiento con apoteosis imperiales. Las columnas de mármol sostienen galerías doradas. Y en el centro, rodeado de doscientos años de historia del pensamiento europeo, una escultura de Carlos VI observa con la indiferencia majestuosa de los monarcas inmortales, que nos recuerda que el conocimiento y el poder siempre han negociado el mismo espacio.